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Neurodesarrollo y abordaje neurofuncional del TEA

Integración de reflejos primitivos

Lógica de la integración refleja, abordaje por familias (Moro, ATNR, STNR, TLR, Galant, palmar, plantar, búsqueda) y precauciones honestas en evidencia y dosificación.

~21 min de lectura

Integración de reflejos primitivos

La §11 del Bloque B presentó los reflejos primitivos —patrones motores automáticos del feto y del lactante—, sus ventanas de aparición e integración, los ocho reflejos centrales que la práctica neurofuncional evalúa con frecuencia en TEA, las consecuencias funcionales de su retención y los signos indirectos que las familias pueden observar. Lo que aquí se desarrolla es el trabajo de integración: qué hace la intervención que persigue completar la maduración pendiente, con qué lógica, con qué métodos disponibles y con qué limitaciones honestas en términos de evidencia.

La sección merece tratamiento con dos características que la diferencian del resto del Bloque D. La primera: la integración de reflejos primitivos es uno de los territorios donde el enfoque neurofuncional ha hecho aportaciones más características y donde su sistematización contemporánea —en las escuelas que el Bloque E desarrollará— tiene su sello más identificable. La segunda: es también uno de los territorios donde la base de evidencia controlada es más desigual, donde los debates internos sobre métodos son más vivos, y donde la honestidad expositiva que el manual mantiene como criterio pide explicitar lo que la práctica del territorio sostiene y lo que la literatura controlada por su parte respalda con qué grado.

La lógica general de la integración

La pregunta inicial es por qué importa la integración de reflejos primitivos y qué consigue la intervención específicamente dirigida a ese trabajo. La respuesta, que la literatura del territorio formula con economía, descansa sobre lo que §11 dejó instalado.

Los reflejos primitivos son andamios temporales del desarrollo: cumplen su función durante una ventana evolutiva concreta y deben retirarse —en el sentido funcional de "dejar de aparecer espontáneamente" aunque su circuito siga existiendo— para que la maduración cortical descendente pueda asumir el control voluntario. Cuando un reflejo permanece retenido más allá de su ventana esperable, varios efectos se siguen. El primero es directo: el patrón motor automático sigue disparándose ante sus estímulos específicos en un niño que ya debería tener control voluntario, lo cual interfiere con cualquier acción intencional que coincida con esos estímulos. El segundo es indirecto pero más profundo: la persistencia del reflejo es signo de que el relevo descendente desde la corteza no se ha completado, y por tanto de una inmadurez en la cadena tronco-cerebelo-corteza que afecta a mucho más que al reflejo concreto. Trabajar para integrar reflejos retenidos no es, por tanto, trabajar solo sobre los síntomas observables del reflejo: es trabajar sobre la maduración pendiente que su persistencia señala.

Lo que la intervención persigue es, en términos sencillos, completar la maduración pendiente ofreciendo al sistema nervioso del niño los estímulos motores y las repeticiones que su desarrollo no le dio en la ventana esperable. La lógica descansa, una vez más, sobre las condiciones de la plasticidad descritas en §3.2: si el sistema nervioso completó parcialmente el trabajo de integración y necesita repetición específica para terminarlo, ofrecerle esa repetición —con la dosis adecuada, en el contexto fisiológico correcto, durante el tiempo suficiente— es ofrecerle lo que su desarrollo necesita. Los ejercicios de integración de reflejos primitivos son, en este sentido, repeticiones dirigidas de los patrones motores que el sistema debería haber consolidado en su momento y que, por la razón que fuera, no consolidó del todo.

Una consecuencia operativa importa retener. La integración de reflejos primitivos no es módulo aislado del resto del repertorio del Bloque D: es modalidad específica de trabajo bottom-up que se acopla con todo lo anterior. Trabajar el reflejo del Moro retenido reduce la activación simpática crónica descrita en §8 —y por tanto se acopla con la regulación autonómica de §21—; trabajar el ATNR retenido facilita el cruce de la línea media corporal —y por tanto se acopla con el trabajo interhemisférico de §27—; trabajar el STNR retenido mejora la postura sostenida —y por tanto se acopla con el trabajo postural de §26—; trabajar el Galant retenido reduce la inquietud al estar sentado —y por tanto se acopla con el trabajo atencional y con la modulación sensorial de §22—. La consecuencia es que el trabajo de integración de reflejos refuerza el resto del repertorio, y que el resto del repertorio prepara el terreno para el trabajo de integración. La lógica integradora del Bloque D opera en este territorio con la misma fuerza con la que opera en los anteriores.

El abordaje reflejo por reflejo: principios y matices

Cada uno de los ocho reflejos centrales descritos en §11.3 admite un abordaje específico con principios y matices propios. El detalle clínico —pruebas específicas, patrones motores exactos, secuencias de ejercicios— pertenece a las escuelas que el §38 desarrollará con la profundidad que merecen. Lo que aquí se presenta es la lógica general de cómo se aborda cada reflejo, agrupando los ocho en tres familias funcionales que comparten lógicas similares de intervención. La exposición es deliberadamente concisa: el manual recoge el principio, no agota el repertorio.

La primera familia —reflejos de alerta y supervivencia primaria— incluye el Moro y el reflejo del miedo paralizador, los dos asociados a respuestas defensivas del sistema nervioso ante estímulos sorpresivos o amenazantes. El abordaje, en niños con reflejo retenido en estado de hiperactividad, combina dos líneas. La primera es de regulación intensiva: dado que la retención del Moro alimenta directamente el bucle simpático descrito en §8.3, el trabajo de regulación autonómica desarrollado en §21 es prerrequisito y acompañante permanente del trabajo específico de integración. La segunda es de exposición gradual a estímulos sorpresa en contexto seguro, combinada con ejercicios motores específicos —movimientos tipo "estrella de mar" con extensión y flexión coordinada de las cuatro extremidades, ejercicios sobre balón terapéutico, secuencias rítmicas— que reproducen el patrón motor del reflejo en formato controlado y permiten al sistema completar su integración. La estrategia recogida con consistencia por la literatura del territorio es exposición gradual y nunca exposición forzada: forzar reactiva precisamente la respuesta defensiva que el trabajo busca modular.

La segunda familia —reflejos de organización postural y motora— incluye el ATNR (reflejo tónico asimétrico del cuello), el STNR (reflejo tónico simétrico del cuello), el TLR (reflejo tónico laberíntico) y el reflejo espinal de Galant. Estos cuatro reflejos están asociados al desarrollo postural y a la organización del movimiento corporal en relación con la posición de la cabeza, la gravedad y los estímulos laterales del tronco. Su abordaje combina ejercicios motores específicos que reproducen los patrones del reflejo —para el ATNR, ejercicios de "lagartija" con la cabeza girando lateralmente; para el STNR, posturas de "perro y gato" en cuatro apoyos con flexión y extensión coordinadas; para el TLR, ejercicios que trabajan la posición de la cabeza respecto al cuerpo en distintas configuraciones; para el Galant, presión profunda bilateral a lo largo de la columna y arrastres homolaterales boca abajo— con trabajo de patrones cruzados y de gateo en edades posteriores que la sección §27 desarrollará. Una característica de esta familia merece notarse: muchos de sus ejercicios coinciden con los patrones evolutivos del desarrollo motor temprano —reptar, gatear, rodar lateralmente, extender y flexionar contra apoyo—, lo cual es coherente con la lógica de integración descrita en 24.1: ofrecer al sistema las repeticiones del patrón motor que la maduración requiere.

La tercera familia —reflejos de función primaria específica— incluye el reflejo de búsqueda, el reflejo palmar y el reflejo plantar. Estos tres reflejos están asociados a funciones específicas —alimentación temprana, agarre primario, integración táctil de la planta del pie— y su retención produce dificultades focalizadas en esos dominios. Para el reflejo palmar retenido, el trabajo combina estimulación táctil variada de palmas, ejercicios de abrir-cerrar la mano con pelotas blandas de distintas resistencias, pinza fina con cuentas, pinzas de ropa y elementos pequeños, juegos de soltar y atrapar, trazos en arena o arroz. Para el reflejo plantar retenido —asociado a la marcha de puntillas característica de algunos niños con TEA—, el trabajo combina andar descalzo sobre texturas variadas —césped, arena, piedras lisas, tapetes sensoriales—, masajes profundos en arco y talón, ejercicios de talón-punta —caminar apoyando primero talón y rodando hasta punta—, balance sobre tablas inestables descalzo, ejercicios de equilibrio que integran visión y propiocepción. Para el reflejo de búsqueda retenido, el trabajo se solapa con las técnicas orofaciales descritas en §21.2 y se profundiza, en algunos casos, con propuestas específicas que las escuelas del territorio sistematizan.

Tres principios transversales atraviesan el trabajo de las tres familias y conviene retenerlos. El primero es la dosificación cuidadosa. Los ejercicios de integración de reflejos primitivos producen, en muchos niños, respuestas autonómicas durante o después de la aplicación —activación, cansancio, sueño, irritabilidad, llanto, signos de descarga emocional—; estas respuestas son lectura del sistema procesando la entrada y, dentro de ciertos márgenes, son parte esperada del trabajo. Lo que pide atención es la intensidad de la respuesta y su capacidad de retornar a la regulación con apoyo del adulto. Como con la estimulación vestibular descrita en §23.4, la dosis se calibra hacia abajo desde el techo de tolerancia del niño, no hacia arriba desde un objetivo de intensidad teórica. El segundo principio es la constancia sobre la intensidad: el trabajo de integración rinde lo que puede rendir cuando se aplica con frecuencia alta —idealmente diaria— y dosis baja, durante períodos prolongados —semanas o meses—; las sesiones esporádicas de alta intensidad rinden mucho menos. El tercer principio es la especificidad del reflejo: cada reflejo retenido pide su ejercicio específico, y los programas genéricos de "ejercicios para integrar reflejos" sin diagnóstico previo del reflejo concreto rinden por debajo de los programas personalizados. La evaluación previa —desarrollada en §19.3 dentro del Bloque C, y profundizada por los profesionales con formación específica de las escuelas del Bloque E— es prerrequisito de la intervención bien diseñada.

La cuestión del reflejo no desarrollado: el caso del Moro en TEA severo

Una situación específica del trabajo con reflejos primitivos en TEA merece tratamiento propio porque no se ajusta al patrón habitual de retención y porque el abordaje que requiere difiere del clásico. La literatura del territorio la describe con creciente atención en los últimos años y conviene exponerla con la honestidad que su lectura matizada requiere.

El patrón habitual que la sección anterior expuso es el de retención: el reflejo apareció en su ventana evolutiva, cumplió su función parcialmente, pero no se integró del todo en la ventana esperada, y permanece activo en un niño que ya debería tener control voluntario. La intervención dirigida a retención clásica trabaja sobre un reflejo que está presente y necesita integrarse. En el contexto de TEA severo, sin embargo, la literatura neurofuncional ha descrito una situación distinta y, a primera vista, contraintuitiva: el reflejo puede haber no desarrollado adecuadamente en su ventana evolutiva original. No es que apareciera y no se integrara; es que no llegó a expresarse del todo.

El caso paradigmático es el del Moro. El reflejo del Moro, en un recién nacido sano, debería disparar ante el sobresalto un patrón completo: extensión brusca de brazos y piernas, apertura de manos, inspiración rápida y descarga simpática reconocible. En niños donde el desarrollo neurológico ha seguido trayectorias atípicas tempranas —que pertenecen al territorio del Manual del Bloque 1 en sus aspectos biológicos—, el patrón puede haberse expresado incompleto o haber sido sustituido por una respuesta más arcaica: el reflejo del miedo paralizador que §11.6 describió, asociado a respuestas de inmovilización dorsal mediadas por el vago dorsal en el modelo polivagal de Stephen Porges. La diferencia funcional es importante: donde el Moro produce descarga activa seguida de regulación, el miedo paralizador produce congelación sostenida sin descarga. El sistema queda atrapado en un patrón defensivo del que no consigue salir por la vía habitual.

La consecuencia para el trabajo de intervención es decisiva. Si el reflejo no se desarrolló adecuadamente, el abordaje no puede consistir en ejercicios de integración sobre un patrón que está activo: el patrón no está activo en su forma plena, lo que está activo es la respuesta sustitutiva. Lo que el trabajo persigue, en este caso, es provocar el reflejo de forma controlada para que el sistema lo experimente —idealmente por primera vez en su forma completa, aunque con muchos años de retraso— y, después, integrarlo con los ejercicios habituales. La literatura del territorio describe estrategias específicas para esta provocación controlada: actividades vestibulares amplias, balanceos con brazos abiertos en posición de "estrella de mar", movimientos sobre balón terapéutico que reproducen las condiciones de aceleración que disparan el reflejo, exposición gradual a estímulos sorpresa moderados en contexto seguro y con presencia reguladora del adulto. El objetivo no es someter al niño a un sobresalto traumático —eso reforzaría precisamente la respuesta defensiva sustitutiva—; es ofrecer al sistema, en formato dosificado y con presencia segura, las condiciones que el reflejo necesita para expresarse y completar su ciclo.

Una vez expresado el patrón, el trabajo de integración prosigue con la lógica habitual descrita en 24.2. La diferencia importante es que la primera fase del trabajo —provocar lo que no se desarrolló— precede a la segunda —integrar lo que ahora sí se ha expresado—. Esta secuencia, recogida con consistencia por la literatura del territorio en relación con perfiles severos de TEA, es uno de los aportes operativos más característicos del trabajo neurofuncional contemporáneo en este territorio. Su atribución es plural —es lectura común que distintas escuelas del Bloque E han contribuido a sistematizar— y su grado de evidencia controlada, como la subsección 24.5 expondrá con honestidad, es aún limitado. Lo que sí está disponible es la lectura clínica que la práctica del territorio ha consolidado y el principio operativo que de ella se sigue: en niños con TEA severo, la evaluación de reflejos primitivos debe contemplar ambas posibilidades —retención y no desarrollo— y el plan de integración se diseña según cuál de las dos sea el patrón identificado en cada caso.

Métodos disponibles, con remisión a §38

El trabajo de integración de reflejos primitivos cuenta hoy con varias escuelas sistematizadas que han desarrollado, durante las últimas décadas, marcos teóricos, protocolos de evaluación y secuencias de ejercicios propios. La exposición detallada de cada escuela —origen, autor, marco teórico, repertorio de ejercicios, estado de evidencia, debates abiertos— pertenece a §38, donde el manual las trata con la atención que merecen. Aquí se presentan brevemente, con la atribución que corresponde, para que el lector reconozca los principales referentes del territorio y disponga del mapa básico.

La escuela del Institute for Neuro-Physiological Psychology (INPP) fue fundada en el Reino Unido por Peter Blythe en 1975 y desarrollada extensamente por Sally Goddard Blythe —investigadora y autora británica que ha dirigido el INPP durante las últimas décadas y cuyas publicaciones (Reflexes, Learning and Behavior, entre otras) están entre las referencias más citadas del campo—. INPP sistematiza una evaluación de reflejos primitivos y reflejos posturales y propone un programa de ejercicios reproducidos diariamente en casa, con frecuencia alta y duración prolongada —típicamente uno a dos años—, supervisado periódicamente por un profesional con formación específica en el método. La lógica del programa INPP es replicar, en formato dosificado, los patrones motores que el sistema nervioso del niño debería haber consolidado en sus primeros meses de vida. El método ha sido aplicado en distintos perfiles —dificultades específicas del aprendizaje, TDAH, TEA— con literatura disponible de distinto calado.

La escuela del Masgutova Neurosensorimotor Reflex Integration (MNRI) fue desarrollada por Svetlana Masgutova —psicóloga y especialista en neurodesarrollo de origen ruso, posteriormente afincada en Estados Unidos—, a partir de los años noventa. MNRI organiza el trabajo de integración refleja en un marco más amplio que incluye, además de los reflejos primitivos clásicos, otros patrones reflejos y estructuras del desarrollo temprano. El método se aplica habitualmente en sesiones individuales con un profesional formado en el método, con técnicas que combinan estimulación táctil específica, posiciones corporales, movimientos pasivos guiados y ejercicios activos. MNRI ha tenido aplicación documentada en TEA, en parálisis cerebral, en distintos trastornos del desarrollo y en perfiles adultos con secuelas neurológicas.

La Terapia de Movimientos Rítmicos (TMR), ya mencionada en §21.6 con su atribución a Harald Blomberg —médico psiquiatra sueco que sistematizó el método en los años ochenta sobre el trabajo previo de Kerstin Linde—, organiza el trabajo de integración refleja a través de un repertorio de movimientos rítmicos pasivos y activos que reproducen los patrones de balanceo natural del bebé y del niño pequeño. La TMR se aplica habitualmente con una serie pasiva —el adulto aplica los movimientos al niño tumbado, sin exigencia activa— seguida de una serie activa —el niño reproduce los movimientos por sí mismo una vez familiarizado con el patrón—. La aplicación combina trabajo de integración refleja con efecto regulador sobre el SNA por la vía descrita en §21.6.

Otras escuelas y derivaciones existen en el repertorio actual, algunas con sistematización propia, otras como derivaciones o adaptaciones de las tres principales. Robert Melillo —quiropráctico estadounidense y autor de varios trabajos sobre el cuadro del TEA leído desde la lectura de la asimetría hemisférica— ha desarrollado un enfoque que integra evaluación de reflejos primitivos con la lectura hemisférica descrita en §10.3; su trabajo es uno de los referentes contemporáneos del territorio. Otras tradiciones, algunas con base en la kinesiología educativa que §27 mencionará en relación con el trabajo interhemisférico, incorporan ejercicios de integración refleja en programas más amplios.

La pauta operativa que la práctica del territorio recoge con consistencia es triple. Primero: el trabajo de integración de reflejos primitivos rinde lo que puede rendir cuando se aplica con dosis sostenida durante períodos prolongados —semanas y meses, no sesiones aisladas—. Segundo: la formación específica del aplicador es importante. Aplicar ejercicios sin conocimiento del reflejo concreto, de su patrón motor exacto y de las precauciones específicas puede producir efectos no buscados, particularmente en niños con perfiles sensibles o con reflejos asociados a respuestas autonómicas marcadas. La supervisión por un profesional con formación en alguna de las escuelas mencionadas, al menos para la calibración inicial y la evaluación periódica, es lectura común del territorio. Tercero: las distintas escuelas tienen superposiciones importantes en lo que hacen, aunque sus marcos teóricos y sus protocolos específicos difieran. La elección entre una u otra escuela no es necesariamente decisión sobre cuál es "la correcta": es decisión sobre cuál es accesible en el entorno de la familia, cuál se ajusta mejor al perfil del niño y a las preferencias y capacidades del adulto que aplicará el trabajo en casa.

Limitaciones de evidencia y precauciones

La sección no estaría completa sin un tratamiento honesto del estado de la evidencia disponible en este territorio y de las precauciones que la práctica responsable mantiene. La lectura modulada que §5.5 estableció como criterio general del manual y que §50 recogerá explícitamente al cierre, encuentra aquí una de sus aplicaciones más relevantes.

La lectura clínica de la importancia de los reflejos primitivos en el neurodesarrollo y su persistencia anómala en TEA es consistente en la literatura especializada del territorio durante las últimas décadas. La práctica clínica acumulada de profesionales con formación en las escuelas descritas en 24.4, los testimonios de familias que han aplicado los programas, la coherencia interna del marco teórico con lo que la neurociencia del desarrollo describe sobre la maduración cortical descendente, y los hallazgos repetidos de retención de reflejos primitivos en niños con TEA y con dificultades específicas del aprendizaje, conforman un cuerpo de lectura clínica suficiente para que el territorio se haya consolidado como campo de práctica con identidad propia.

La base de evidencia controlada —estudios aleatorizados, metaanálisis, revisiones sistemáticas— sobre la eficacia de los programas específicos de integración de reflejos primitivos en TEA es, en cambio, limitada y desigual. Hay estudios publicados con resultados favorables sobre programas concretos, hay revisiones críticas que señalan limitaciones metodológicas en buena parte de la literatura disponible —tamaños muestrales pequeños, dificultades de cegamiento, heterogeneidad de los protocolos, ausencia de grupos de control adecuados en algunos casos—, y hay zonas del territorio donde la evidencia controlada disponible todavía no permite afirmaciones robustas sobre la magnitud del efecto. Esta situación no es exclusiva del campo de integración de reflejos: comparte rasgos con otros territorios del repertorio neurofuncional y, en general, con muchas intervenciones complejas del neurodesarrollo donde la metodología clásica de ensayo controlado encuentra dificultades de aplicación. Pero conviene explicitarla porque la promesa de "reorganización neuronal" que algunas presentaciones simplificadas del campo hacen excede lo que la evidencia disponible respalda con el grado de robustez que esa promesa exigiría.

La consecuencia operativa para la familia y el equipo es la siguiente. El trabajo de integración de reflejos primitivos es lectura clínicamente productiva, con tradición consolidada y aportaciones reconocibles, que puede formar parte legítima del plan neurofuncional cuando la evaluación lo justifica. No es tratamiento estandarizado universalmente respaldado por evidencia controlada como lo serían algunas intervenciones farmacológicas o quirúrgicas, ni se debe presentar como tal. El balance honesto entre lo que la práctica recoge y lo que la evidencia controlada respalda permite a la familia tomar decisiones informadas sobre si incluir el trabajo en el plan, con qué dosis, con qué expectativas y con qué profesionales de acompañamiento.

Tres precauciones específicas completan el cuadro.

Primera: el trabajo de integración de reflejos primitivos no se improvisa. Aplicar ejercicios encontrados en internet, en vídeos sueltos o en literatura no especializada, sin conocimiento del reflejo concreto, sin evaluación previa y sin formación del aplicador, puede producir efectos no buscados —agitación intensa, regresiones temporales, signos de descarga emocional desbordada, alteraciones del sueño—. La formación específica del adulto que aplica el trabajo, o al menos la supervisión periódica por un profesional con esa formación, es prerrequisito razonable de la intervención bien diseñada. La inversión inicial en formación o en supervisión profesional se recupera multiplicada en la calidad y la seguridad del trabajo aplicado en casa.

Segunda: la dosificación importa más que la intensidad. Como ya mencionó 24.2, los programas que rinden son los que se aplican con frecuencia alta —idealmente diaria—, dosis baja por sesión —entre cinco y veinte minutos según protocolo y edad—, durante períodos prolongados —semanas y meses—. La tentación contraria —sesiones largas, intensas, esporádicas— produce resultados peores y, en algunos niños, signos de sobrecarga. La sostenibilidad familiar del programa es factor decisivo: un programa más modesto aplicado con constancia rinde más que un programa ambicioso abandonado al cabo de unas semanas.

Tercera: la integración con el resto del repertorio del Bloque D es indispensable. El trabajo de integración de reflejos primitivos no funciona aislado del trabajo de regulación, sensorial, vestibular, postural e interhemisférico. Como ya señaló 24.1, los efectos se refuerzan mutuamente. Un programa de integración refleja aplicado en un niño no regulado, con perfil sensorial sin atender, con base postural pobre y sin trabajo del entorno, rinde mucho menos que el mismo programa aplicado en un niño cuyo resto del plan está bien diseñado. La integración refleja es una pieza del repertorio bottom-up, no su sustituto.

Una nota final cierra la sección con la honestidad expositiva que el manual mantiene como criterio. Las afirmaciones más entusiastas que algunas presentaciones del campo hacen sobre la transformación que la integración de reflejos primitivos puede producir en TEA —historias de cambios casi milagrosos en niños tras pocos meses de aplicación— son, en buena parte, anecdóticas y no representan el resultado medio de la intervención bien aplicada. La práctica responsable se sitúa entre dos extremos a evitar: el escepticismo absoluto que descarta el trabajo de integración refleja por insuficiencia de evidencia controlada —ignorando la tradición clínica acumulada y los aportes operativos del campo—; y el entusiasmo desmesurado que lo presenta como la clave del trabajo en TEA y promete resultados que el campo no está en condiciones de garantizar. Lo que la lectura honesta del territorio permite sostener es que la integración de reflejos primitivos es una modalidad legítima de trabajo bottom-up, con aportaciones reconocibles, con limitaciones de evidencia que conviene tener presentes y con una práctica que, bien aplicada, contribuye a la maduración del niño dentro del marco más amplio del plan neurofuncional integrado. Ni más ni menos. El diseño concreto de cuándo entra, con qué peso y con qué dosis en cada plan personalizado pertenece al Bloque F.

Fuentes

  • El método del Institute for Neuro-Physiological Psychology (INPP), fundado por Peter Blythe en 1975 y desarrollado por Sally Goddard Blythe, autora de «Reflexes, Learning and Behavior».: Goddard Blythe, S. (2005). Reflexes, Learning and Behavior: A Window into the Child's Mind. A Non-Invasive Approach to Solving Learning & Behavior Problems. Fern Ridge Press.
  • El método Masgutova Neurosensorimotor Reflex Integration (MNRI), desarrollado por Svetlana Masgutova desde los años noventa.: Masgutova, S., & Masgutov, D. (2015). Parents' Guide to MNRI®: Masgutova Neurosensorimotor Reflex Integration (2.ª ed.). Svetlana Masgutova Educational Institute.
  • El enfoque de Robert Melillo, que integra la evaluación de reflejos primitivos con la lectura de la asimetría/desequilibrio hemisférico en el TEA.: Melillo, R. (2009). Disconnected Kids: The Groundbreaking Brain Balance Program for Children with Autism, ADHD, Dyslexia, and Other Neurological Disorders. Perigee.